Una vocación para anunciar a Jesucristo en la Escuela Por Eugenio F. Visiconde


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1 Tp 4 DOCUMENTO 06. Identidad del Catequista Escolar Vocación, ministerio y espiritualidad Una vocación para anunciar a Jesucristo en la Escuela Por Eugenio F. Visiconde El catequista es aquel hombre o aquella mujer que, sintiéndose llamado y enviado por Jesucristo en la Iglesia, desde hechos, palabras, acontecimientos y personas concretas, responde a esta vocación particular, asumiendo un ministerio: ser portavoz del Evangelio y constructor de la comunidad eclesial, haciendo madurar la fe de otros, mientras él mismo hace camino de discípulo, enseñando, celebrando y madurando el Misterio de Cristo (cf. Ef. 3,9.18ss.). Este camino, para algunos, pasa por el corazón de una comunidad educativa. Así como este espacio de Iglesia tiene notas que lo distinguen de otros ámbitos de la misma, estas notas a su vez distinguen la identidad del catequista escolar. El catequista, cómo desarrolla el ministerio de la Palabra en la escuela?. Esta pregunta es medular para abrir camino y resolver cuestiones que hacen al plus de su especificidad: en qué difiere su tarea a la de otros catequistas?, cuáles son los factores vinculantes entre su tarea y la espiritualidad que lo anima?, qué relación debe existir entre esta espiritualidad y las demandas propias de su lugar de ministerio, para que pueda responder a los desafíos y oportunidades de su medio?. Para definir la identidad del catequista escolar debemos partir de su especificidad. Esta se desprende de la naturaleza de la misión de la escuela. La finalidad de la escuela es la educación integral del hombre, su personalización. Este proceso, que es itinerario y camino permanente de maduración, desde la visión de fe de la escuela católica, es un proceso de salvación, porque es medio de planificación y santificación del hombre bajo la acción de la gracia. Por lo tanto, el catequista escolar deberá estar capacitado profesionalmente para esta tarea, para unir su desempeño pedagógico-institucional con su ministerio pastoral-eclesial. Esto supone el desarrollo de determinadas competencias, que complementan dicho ministerio: su saber y su saber- hacer en todas las etapas del proyecto educativo-pastoral institucional, es decir: del proyecto curricular institucional y del plan curricular de aula y el intercambio con los pares, confrontando la teoría con la práctica. El catequista debe ser un docente más entre los docentes y no alguien agregado o segregado. Debe saber planificar, dirigir y evaluar su trabajo; esto le permitirá analizar las necesidades de sus alumnos en relación con los objetivos, valorar las oportunidades y recursos disponibles y elegir las estrategias de enseñanzas, evaluando finalmente la calidad de su trabajo. Al mismo tiempo, este saber-hacer pedagógico que es fruto de su profesión, deberá expresar la pedagogía de Dios, en la cual la "encarnación" es el contenido y el método de la catequesis, por lo tanto, esto lo debe implicar existencialmente con el mensaje que anuncia y con el seguimiento de Jesús y su llamado a la santidad. Respondiendo a la pregunta sobre los factores vinculantes que existen entre la tarea propia de su ministerio en la escuela y la espiritualidad que la anima, queremos hacer referencia a aquellas contingencias de todos los días, como por ejemplo: el simple requerimiento del llenado de una planilla, el tener al día el libro de temas o carpeta didáctica, los informes diagnósticos y la presentación a término de las notas parciales y finales. Estos hechos propios de la materialidad de su empleo docente, vividos desde una espiritualidad encarnada, expresan también el ministerio... "Dios está entre los pucheros" (Teresa de Jesús). La vida y las cosas que ella comprende, pueden ser miradas con "distintos" ojos. Se puede mirar el empleo o la profesión desde lo más visceral y reaccionar sensible y espontáneamente ante la materialidad de su ejercicio; molestarse por el aspecto económico (bajos salarios, etc.), social (falta de Jerarquización y reconocimiento), político (desvinculación de la toma de decisiones) y cultural (desacreditación de la función, etc.). En cambio, el empleo o profesión entendidos, también, como ministerio supone otra mirada o un nuevo nivel de lectura. La fe, nos permite posicionarnos frente a las cosas o realidades desde otra perspectiva; nos da la capacidad de descubrir lo impensado: "Dios está aquí y yo no lo sabía" (Santa Teresa). Así, desde la fe, pasamos a considerar el empleo desde lo más exterior: fragmentado (en horarios, turnos, etc.), diversificado (diferentes colegios con sus propios carismas y misiones particulares), centrado sobre sí (pues muchas veces la vorágine hace que el empleo se perciba solamente como fuente de beneficio económico o realización profesional, sin considerarse la fecundidad espiritual del mismo), a su sentido más profundo: que el trabajo del catequista forma parte de la misión salvífica de la Iglesia, es mediación y expresa su sacramentalidad. En definitiva, la lectura del empleo como ministerio, exige necesariamente la fe como clave de interpretación. El Ministerio era el servicio oficial que prestaban distintos personajes en la antigüedad y durante la edad media. La palabra ministerio, viene del latín: minister, que significa siervo y equivale al término griego diakonía. En la Iglesia primitiva, hasta nuestros días, es la "función encomendada a algunos de sus miembros para atender a las diversas necesidades pastorales. Hay ministerios ordenados, que son los recibidos por el Sacramento del Orden (Obispo, presbítero, diácono) y ministerios no ordenados, ya instituidos y conferidos en una celebración litúrgica, como el acolitado y el lectorado, ya encomendados, sin esa formalidad, como puede ser el de catequista" u otros establecidos Tp 4 DOCUMENTO 06. 1

2 por la autoridad eclesiástica. Jesús enseñó a sus apóstoles a mirar su función como un servicio (cf. Mc. 10, 42 ss.). Desde el comienzo de los Hechos de los Apóstoles, el apostolado es considerado como un ministerio (diakonía: Hch. 1,17.25). En los escritos paulinos, la vocación al apostolado (Rom. 1,1) es también un llamamiento al ministerio (1Tim. 1,12; cf. 2Cor. 4,1). Sin embargo, "el ministerio en la Iglesia naciente, desborda ampliamente el ejercicio del apostolado propiamente dicho. La palabra diakonía se puede aplicar a servicios materiales, necesarios para la comunidad" o al título de ministro (diácono: 1 Cor. 3,5). (...) "Esto muestra que existen en la Iglesia diversos ministerios (cf. 1 Cor. 12,5), "pues el Espíritu diversifica sus carismas con miras a la obra del ministerio" (Ef. 4,12). Todo servicio de este género, se ha de efectuar bajo la influencia del Espíritu (Rom. 12,7), como un mandato recibido de Dios (1 Ped. 4,11)". Los ministerios en la Iglesia implican diversas tareas. Estas suponen servicios determinados por las funciones propias del ministerio. Las mismas revisten las notas de oficialidad y permanencia. Por ejemplo, la docencia y la tarea del catequista en el colegio. Dichas tareas, que si bien nacieron y se desarrollaron a partir de inclinaciones o disposiciones naturales (vocación), una vez confirmadas (oficialidad) por la comunidad, se asumen como un ministerio (permanencia). El ministerio del catequista, como servicio es un HACER PARA... Distinto del empleo que significa: "determinado hacer". El hacer para es el significado nuevo del empleo como ministerio. En este sentido, el hacer del catequista escolar es un hacer para otro... que se puede experimentar como un vivir para (aquí es donde cobra una cierta exclusividad: "desvivirse por otro..."). Cuando decimos "por el otro", nos referimos a aquel que es el diferente del catequista ministro: el niño, el adolescente, el joven, los pares, los padres, etc. El catequista se diferencia de estos desde la fe, porque está llamado a leer esta experiencia de diferenciación como una vocación. Esta vocación le implica deberes que no brotan, tan sólo de la profesión y del ministerio sino de la necesidad del otro (la vida eterna: Jn. 17,3) La característica fundamental del desarrollo de este ministerio en la escuela, está dada por el cara a cara de la relación pedagógico- catequística. En ésta, desde la fe, el catequista es como una mediación histórica del Espíritu y de la Gracia para el "otro", cuando llega a colocar todos los actos de su profesión y ministerio, en el contexto de la salvación (la propia y la del otro). A partir de todo lo considerado, las dificultades y desencuentros cotidianos que experimenta el catequista en la escuela, desde el carácter oficial y permanente del empleo-ministerio PARA EL OTRO y "por el otro", deben ser consideradas como oportunidades de salvación y no como meros desafíos, problemas y obstáculos que hay que sortear. Los siguientes son algunos de estos desafíos, conflictos o problemas que se nos pueden presentar diariamente en nuestro trabajo en la escuela y que son invitaciones constantes a vivirlos como oportunidades de maduración personal y profesional en el ministerio. La propia tarea: Como ministros de la Palabra, enviados por la Iglesia en nuestro lugar de trabajo, corremos el peligro de funcionalizar la tarea catequística y considerarnos meramente técnicos o expertos de la fe. Si bien no somos profesionales de la Palabra o la Catequesis, somos conscientes de que nuestro empleo-ministerio tiene que ser ejercido de manera profesional. Este es un desafío, y al mismo tiempo, una oportunidad para crecer en santidad. Es en esta dimensión del empleo como ministerio donde se evidencia con claridad la identidad del catequista escolar, su especificidad. La situación socio-económica y cultural: Somos catequistas para nuestro tiempo. Estamos invitados continuamente por Dios a descubrir desde la oración y el análisis de la realidad los signos de su presencia en la situación actual. Otros han abierto camino en este "mirar" profético. El Padre José Kentenich, por ejemplo, lo expresaba diciendo "...con una mano en el pulso de la historia y la otra en el corazón de Dios". Mons. Angelelli nos dejó la siguiente frase como testimonio de su entrega pastoral: "...con un oído en el pueblo y el otro en el Evangelio". Es necesario que trabajemos interiormente y con actos concretos buscando integrar en nuestra persona la fortaleza, la prudencia, la aceptación, la humildad y la alegría para que las situaciones propias del presente no apaguen la esperanza ni encierren nuestro corazón en la tristeza y la amargura ("sean alegres en la esperanza", San Pablo). Dejarse llevar por los discursos en los que estamos inmersos y mimetizarnos con las miradas oscuras, pueden ser el comienzo del fin de nuestro ministerio, aunque envejezcamos trabajando en la catequesis escolar. Lo existencial Los catequistas, como todas las personas, experimentamos crisis y conflictos. Solemos preguntarnos algunas veces sobre el sentido y significado de muchas cosas que vivimos. Generalmente lo ministerial y laboral ocupan mucho tiempo en la semana. Estamos condicionados a realizar nuestras tareas como catequistas sin asimilarlas ni integrarlas a nuestra vida de fe. Por lo tanto, es sumamente necesario que en los propios espacios de oración y en la vida sacramental busquemos resignificar y recrear los hechos y acontecimientos que nos sucedan para "no quedar presos" de la frustración y la dispersión del corazón. Desde nuestro interior, puesto siempre en el corazón de Cristo, poder vivir la serenidad en medio de "las tempestades" de este mundo. Tp 4 DOCUMENTO 06. 2

3 Lo institucional y comunitario Los catequistas escolares estamos llamados a vivir y hacer crecer la eclesialidad en las instituciones (escuelas), asumiendo sus luces y sombras. Para que el Evangelio de Jesús de frutos abundantes en la comunidad escolar, los catequistas tendremos que insertarnos en ella afectiva y efectivamente, viviendo la experiencia fraterna y creando lazos de comunión. Ser hombres y mujeres fuertes que construyen la unidad animándose a cumplir con las tareas del ministerio desde la pequeña comunidad que debe ser el equipo o departamento de la fe. En medio de las múltiples vinculaciones (con directivos, profesores, personal, etc.) y asumiendo la cultura institucional, los catequistas seremos los agentes de paz, de unidad, de fraternidad, de reconciliación y, muchas veces desde el pedido explícito de algunos miembros de la institución, se nos confiará la tarea de orientar e iluminar desde Dios las situaciones y los conflictos humanos. Aquí se vuelve a percibir claramente la importancia que tiene para el catequista escolar su unión permanente con Cristo desde la oración, la meditación de su Palabra y la configuración con Él a través de la participación en los sacramentos. Uno de los riesgos será enredarse en las tramas de poder y en los desencuentros normales o conflictos comunes de la convivencia cotidiana. Nuestra fortaleza se jugará en no dejarnos llevar por comentarios de pasillo o murmuraciones que dividan o minen la unidad. Estos desafíos y oportunidades nos colocan frente a una tarea de la fe impostergable para nuestra vocación y misión evangelizadora: el Discernimiento (1 Cor 14, 29). Es un modo de examinar lo que sucede para ver, qué viene de Dios y qué le agrada, su Voluntad (Rom 2,18; 12,2; Ef 5,10; Flp 1,10; 1Tes 5,21). Con el discernimiento buscamos formarnos criterios para la decisión, criterios evangélicos de acción. Se trata de estar a la escucha del Espíritu para seguir sus pasos (Gal 5,25). Y este proceso de fidelidad al Espíritu (CT 72), se desarrolla a partir de actitudes concretas que hacen a nuestra espiritualidad y nos permiten afianzarnos y renovarnos continuamente en nuestra identidad específica. Estas actitudes son: Ÿ Apertura a la Palabra, a Dios Uno y Trino y a la Iglesia. Ÿ Atención a las necesidades de los hermanos e inserción en su contexto con ardor misionero. Ÿ Coherencia y autenticidad de vida enriquecida por un profundo espíritu mariano. "La manera más adecuada para alcanzar este alto grado de madurez interior" es una intensa vida sacramental, en especial la frecuencia del sacramento de la reconciliación y la celebración de la Eucaristía, la liturgia vivida, la meditación diaria, la oración personal, la participación en retiros espirituales y, si es posible, la dirección espiritual. El ministerio del catequista en la escuela será auténtico si es profético (de anuncio y de denuncia). Nuestra identidad conlleva una exigencia fundamental: una forma nueva de vivir el trabajo donde la realidad laboral es recreada como un ministerio, vivida como alianza y realización del Reino. Nuestro compromiso va mas allá del saber hacer de otras áreas; sentimos como "un plus" de responsabilidad, que nos viene de ser portavoces de una Palabra que no nos pertenece, que nos hace tomar conciencia que: "la doctrina no es nuestra sino del que nos envió", nos obliga permanentemente a corrernos del centro, a hacernos a un lado para que Cristo crezca en el otro. Y mientras que el objetivo a alcanzar, para otros profesores, será cuestión eficacia en la tarea, para los catequistas también será abrir caminos para el actuar de Dios por medio de la oración. El éxito de su misión se alcanzará en una dinámica de gracia y libertad. Cuando esa gracia no se sostiene, puede profesionalizarse la tarea y pasamos a ser sólo técnicos y perdemos la calidad del ministerio. Por lo tanto, el "triunfo" de nuestra misión lleva consigo la lógica de la cruz: "si el grano de trigo no muere... no da fruto". Esta lógica contiene en sí misma una contradicción con los criterios humanos, del poder, la fama y el placer; pero si es participación real en el Misterio Pascual de Jesús, siempre será cruz luminosa y transformante: "El discípulo no es más que su Señor". Cuando la gracia no se sostiene, se profesionaliza la tarea y paso a ser sólo técnico de la fe y no ministro de Jesucristo en la escuela. Supuestos pedagógico-didácticos Cómo se aprende? Se aprende en forma individual y /o grupal, en un contexto colectivo y pasando por etapas en la adquisición de los objetos de conocimiento. Estas etapas coinciden con el pensamiento humano. Por lo tanto cualquier proceso didáctico (clase o planificación anual, etc.) debería respetar o seguir esos momentos teniendo en cuenta la lógica del aprendizaje y el devenir de los procesos mentales. Según Azucena Rodríguez, pedagoga argentina, en uno de sus escritos de los años 70, afirma que el aprendizaje del adulto, más allá de la etapa evolutiva que haya alcanzado, necesita, al igual que un niño y un adolescente, la planificación de la clase teniendo en cuenta momentos diferenciados: INICIO, DESARROLLO Y CIERRE. En términos de pensamiento y de aprendizaje, estos momentos se llamarían: síncresis, análisis y síntesis. El primer momento sincrético coincidiría con un tipo de apropiación pre-operatoria, intuitiva, donde el objeto es Tp 4 DOCUMENTO 06. 3

4 percibido en su totalidad. Didácticamente, estaríamos contextualizando, recuperando saberes (tanto el alumno como el docente, cada uno desde su lugar y rol). En el caso del adulto, este momento lo remite a sus prácticas sociales, en el caso de los niños a la vida cotidiana y en los adolescentes a los intereses o interrogantes propios de la etapa. El segundo momento, analítico, pone a prueba el pensamiento operatorio concreto del educando, es un momento que se caracteriza por el trabajo intelectual, de tipo analítico, capaz de fragmentar y "desmenuzar" el objeto total de conocimiento, para ir aprehendiendo sus partes. Pero ante cada análisis, se produce, a nivel de pensamiento, una síntesis parcial, que permite integrar paulatinamente cada nueva parte a objetos ya conocidos ( incrementándose así la cadena de significantes, al modo de las redes conceptuales). El tercer momento, sintético, encuentra al adolescente o al adulto, con las posibilidades de su pensamiento formal, abstracto. Didácticamente estaría aquí el momento del cierre, de la recuperación del todo, es decir, integrar todas las partes al todo, logrando la síntesis final, que aún así sería provisoria, pues generará nuevos procesos de enseñanza y nuevos procesos de aprendizaje posteriores. El Método como recurso didáctico Siguiendo los lineamientos e ideas de Azucena Rodríguez y Gloria Edelstein, el método es un factor unificador de la propuesta docente e institucional (por lo tanto, educativa). Tradicionalmente, el método recibió un tratamiento de carácter instrumental (se tenían en cuenta cuáles eran los mejores recursos para implementar en el aula: guías, trabajos, dinámicas o técnicas, uso de pizarras, entre otros. En estos momentos, las mencionadas pedagogas introducen el carácter conceptual del método. Se plantean si hay un método específico para cada disciplina. Ejemplo: para aprender matemática, catequesis, etc. O si hay un método general para enseñar y para aprender. Este es el estado de debate... El método general sería el método dialéctico, puesto que el aprendizaje no es lineal, sufre altibajos, padecemos dificultades, hay avances y retrocesos, toda vez que nos encontramos con objetos de conocimiento nuevos para abordar. Explican que con este método general habría dos niveles de análisis a tener en cuenta: un nivel epistemológico subjetivo, que nos referencia al aprendizaje, que es único y que pasa por los momentos mencionados (síncresis, análisis y síntesis) y habría también, un nivel epistemológico objetivo, que hace referencia al contenido de los diferentes campos disciplinares. Aquí tendríamos el correlato con la PRÁCTICA, TEORÍA Y PRÁCTICA. Se parte de la práctica cotidiana o social /laboral, se reflexiona y teoriza sobre esas prácticas, siendo la finalidad que lo aprendido vuelva y mejore la calidad de dicha práctica. Por ende, hay una relación entre lo subjetivo y objetivo: vinculaciones entre la síncresis y la práctica, el análisis y la teoría, y la síntesis y la práctica. De esta forma se produce la circulación del conocimiento. En verdad no todas las clases o procesos didácticos siguen esta secuencia, ya que habrá clases más sincrético-analíticas o más analíticosintéticas. Esto variará de acuerdo al grupo, a la institución y al docente o a la naturaleza (epistemología) del contenido. Algunos comentarios actuales de Gloria Edelstein señalan que la gran mayoría de las clases que podríamos observar revisten un carácter analítico- sintético, sobre todo en lo referente a la educación de adultos. Transposición didáctica Según Ives Chevallard, matemático francés, para que un conocimiento erudito (saber sabio) pueda enseñarse en la escuela (conocimiento a enseñar), debe sufrir una serie de transformaciones y transposiciones, a saber: 1) Del conocimiento erudito al conocimiento curricular, es decir, de la ciencia al currículum prescripto. 2) Del conocimiento curricular al conocimiento a enseñar, es decir, de los contenidos básicos y de los diseños jurisdiccionales a la planificación del docente en el aula o proyecto curricular de aula. 3) Del conocimiento a enseñar al conocimiento a prender, es decir, de lo que el docente enseña a lo que el alumno aprende. 4) Podría agregarse a la idea del pensador francés, del conocimiento aprendido al conocimiento evaluado. Entre el conocimiento curricular y el conocimiento a enseñar hay una mediación, casi impuesta, dada por las editoriales, que la llamamos conocimiento editado. Muchas veces, los docentes enseñan lo que dice el manual, sin cuestionarse ni reflexionar acerca del contenido científico de su saber o disciplina. Precisamente para que en cada una de las transposiciones no se desvirtúe la naturaleza del contenido, el conocimiento científico-disciplinar, Chevallard propone dos tipos de vigilancia para superar los riesgos de deformación de los conocimientos: a) Del conocimiento erudito al conocimiento curricular habría una vigilancia epistemológica: que no se deforme el saber científico al "traducirlo" al término de los contenidos. b) Del conocimiento curricular al conocimiento a enseñar habría una vigilancia didáctica, que tendría que ver más con el cómo enseño esos contenidos u objeto de estudio para que no se deforme en el procesos de aprendizaje de los alumnos. Tp 4 DOCUMENTO 06. 4

5 La educación de la FE en la escuela Casa del Catequísta - Buenos Aires Exposición en el 1er. Encuentro Nacional de la Pastoral Educativa y Educadores de la Fe Consudec - 16 de agosto de Buenos Aires La Escuela Católica como educadora de la Fe Es toda la comunidad educativa la que educa en la Fe. Afirmamos, porque así lo creemos, que es toda la comunidad educativa la que educa en la Fe. Por todo esto es que creo que sería interesante acordar que es más propio hablar de educación en la fe que de la fe. De ahí, que hemos insistido tanto en cual es el sujeto que enseña o catequiza. Cuando hemos rescatado que nosotros queremos referimos a la escuela católica, es porque creemos que ella está llamada a ser una verdadera comunidad cristiana. Lo dice bellísimamente, el documento Escuela Católica en los números Es una verdadera comunidad cristiana, católica, por lo cual no puede vivir encerrada en sí misma.. Debe abrirse, integrarse, no fundirse en la parroquia. Debe, sobretodo, estar en plena sintonía con la Iglesia Local para no quedar reducida a lo que sí el Papa dice sobre la escuela católica, en el ya mencionado discurso del 5 de marzo de 199 1: "Es preciso evitar formas de aislamiento que, al apartar al joven de la participación en la vida de la comunidad eclesial, correrían el riesgo de perjudicar, una vez terminados los estudios, su perseverancia en la práctica religiosa y quizá incluso en las mismas opciones de fe " Toda la comunidad para toda la comunidad... No podemos ser tan ingenuos de pensar la educación de la fe solamente mirando a los alumnos. Sabemos y constatamos con dolor, cuantos de nuestros docentes son verdaderos infantes en lo que se refiere a su fe. Y a veces, si somos honestos, los vemos fríos, alejados de toda vida cristiana... Creo que es hora que la opción por la catequesis de adultos deje de ser proclamada y se haga realidad. Y por qué no, asumir el desafió de hacer de nuestros colegios verdaderos itinerarios de fe que, como define Juntos para una Evangelización Permanente "permita un camino de crecimiento y maduración de la fe en un contexto comunitarioeclesial que de sentido a la vida " (JEP50). Y si bien entonces afirmamos que es toda la comunidad educativa la que educa en la fe, no dejamos de reconocer personas a quienes se les delega de un modo especial esta tarea. Delega no quiere decir dejar de ser corresponsables, pero sí, que estos docentes-catequistas se constituyen en los principales actores. Delego, no me desentiendo El categuista-docente Esta persona delegada Quién es? Un creyente, un testigo un discípulo... Alguien que ha contemplado en el desierto y puede contar lo que ha visto. Alguien que enseña algo, pero que ante todo desea poner en comunión con Alguien... Y en este sentido es un CATEQUISTA. Pero no es cualquier catequista... Tiene que ser un Docente. No puede ser un docente de segunda en el sistema educativo. El aula, la educación, tienen sus reglas que no se pueden desconocer. No es posible que para hablarme de una planta o para enseñarme un episodio de la historia el docente tenga en su haber más 2800 horas de formación, y quien me tiene que hacer conocer, amar y seguir al autor de la vida, quien me tiene que testimoniar el Acontecimiento de la historia, tenga 250 horas de formación sistemática. Seamos honestos... En esto estamos en deuda. Nuestros catequistas escolares muchas veces son verdaderos maestros y profesores truchos que con muy buena voluntad a veces la única acreditación que tienen son las numerosísimas horas entregadas al servicio de cura. *Hay que decirlo con todas las letras y la firmeza que sea necesario. El catequista no puede estar sobrevolando el aula sin encarnarse, sin inculturarse en la realidad escolar, porque no solo sería un mal catequista escolar, sino también un pobre reflejo del Misterio de un Dios que por amor se encama, se hace cultura, tiempo y espacio. *El catequista escolar, el profesor de religión tendrá que asumir lo escolar con todo el alma, con todo el corazón. No como un simple espacio-temporal, sino con la misma pasión que el Verbo de Dios asumió la humanidad. Los colegios católicos necesitan verdaderos catequistas escolares, no mediocres adaptadores de ámbitos escolares. Pedagogos sabios como Montessori, maestros santos como Don Bosco, testigos mártires como Héctor Valdivielso, sabiduría en lo cotidiano como Teresita... *Pero quizás alguno me podría preguntar... Pero todo esto no lo hace un buen docente, un santo maestro?. Ciertamente que sí... Entonces, para qué un docente catequista, si me basta un buen profesor de religión? Yo creo que no basta, que hay un plus, hay un ministerio, una vocación especial... Porque justamente, como creo firmemente que la escuela católica es una verdadera comunidad cristiana, me niego a pensarla sin uno de los ministerios más propios de la Iglesia. Porque creo que detrás del llamado y de la vocación hay una gracia... y no cerremos la escuela a la gracia de la catequesis!... Pero catequesis inculturada, es decir, escolar en serio, educación en la fe. Tp 4 DOCUMENTO 06. 5

6 4- El espacio áulico a- Es una asignatura dentro de un proceso e itinerario más amplio. Es una enseñanza y no se debe descuidar el contenido, pero siempre teniendo presente al destinatario, resignificando la doctrina para que se haga mensaje e ilumine la vida. c- Con todo el rigor de cualquier ciencia, pero enriquecido con la pedagogía del Amor que se hace cultura de encuentro y de ternura. d- Con toda la riqueza y límites del espacio áulico, el cual, sin embargo es trascendido por el corazón del catequista con guardapolvo blanco y se ensancha mucho más en un proyecto pastoral que involucro a toda la comunidad educativa. e- Con la sabida constatación que llevamos un tesoro extraordinario en vasijas de barro, en estructuras débiles, en paredes de instituciones limitadas, pero con la pasión de quienes no nos resignarnos a que Dios sea el gran excluido de nuestros colegios. f- Con la firme convicción que la "catolicidad" de una escuela no es que tenga clases de religión, sino al revés, la catolicidad de un proyecto y la encarnación en una comunidad educativa concreta legitima que se realice un itinerario de fe. Cito nuevamente a Mons. Zecca " no es cuestión, aquí, de extender nuestras reflexiones sino de captar el mensaje global y fundamental: no despreciar la oportunidad pastoral de exponer la fe con toda claridad y rigor intelectual, jerarquizando la labor catequística y manifestando, tanto un genuino interés por el diálogo interdisciplinar y por la integración del saber con la fe, la intención pastoral de tocar no sólo las inteligencias sino los corazones de los alumnos para lograr, con este esfuerzo, que el Evangelio penetre y, desde allí, ilumine la totalidad de la vida en su concepción (cosmovisión) y en su concreto desplegarse (vivencia), 3 Terminemos con las palabras de uno de los mas grandes catequetas del momento, el Padre Alberich, conocido también por ser un gran educador: " En la línea de principio, dada la precisa identidad cristiana de la escuela católica, hay que subrayar no sólo la posibilidad sino también el deber que tiene de garantizar auténticas experiencias de catequesis, en orden a favorecer la maduración de la fe y la síntesis entre fe y cultura... " 4 3 Alfredo Zecca, Distinción y relación entre evangelización, catequesis-y enseñanza religión Casa del Catequista Bs. As. 2000, p Emilio Alberich, La catequesis en la Iglesia, Central Catequística Salesiana, Ed 1991, p V- Suelta las amarras... y navega mar adentro 1- El peligro de entretenerse limpiando las redes... Como Pedro podemos correr el mismo peligro... Y quedamos entretenidos... en nuestro pequeño mundo. Y por qué no... también enredados en nuestras intensas de poder o de líneas... Es una sutil tentación del demonio querer que todo esté claro y lindo, ordenado y articulado para lanzamos a la mar... Hay colegios, narcisistamente enfermos, ocupados en revisar y planificar... y los chicos pasan, sin nada de calor, sin nada de ternura. Hay muchos niños, jóvenes y adultos, familias completas que nuestras comunidades educativas serán los únicos evangelios que lean, nuestra alegría del encuentro, las únicas Eucaristías que celebren... pero a veces torpemente nosotros estamos preocupados y agobiados en hacer crecer las instalaciones. Hoy se puede estar discutiendo todo el día sobre las mejores maneras de impostar la educación religiosa... pero quien no encuentra sentido a su vida, no puede esperar que nos pongamos de acuerdo. 2- Los sueños del navegante Me gusta soñar... y espero que no hayan perdido la capacidad de soñar... Y ya que los catequistas nos caracterizarnos por los cuentos, quisiera terminar con un poco de humor, con algo que me hiciera llegar una agobiada catequista escolar. En aquél tiempo, Jesús subió a la montaña y sentándose en una gran piedra dejó que sus discípulos y seguidores se le acercaran. Después, tomando la palabra, les enseñó diciendo: "En verdad os digo serán bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos. Que serán bienaventurados los que tengan hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia porque de ellos es el Reino, de los Cielos... " Entonces Pedro le interrumpió para decirle: " Tenemos que aprenderlo de memoria? Y Andrés dijo: " -Tenemos que escribirlo? Y Santiago dijo: " Nos va a evaluar esto?" Y Felipe dijo: "No tengo papiro " Y Bartolomé dijo: " -Tenemos que hacer una monografía? Y Juan dijo: " -Puedo ir al baño? Y Judas dijo: " Y esto para qué sirve? Tp 4 DOCUMENTO 06. 6

7 Entonces uno de los fariseos, que nunca había enseñado pidió ver la planificación de y ante el asombro del Maestro, le inquirió en estos términos: Cuál es el nombre del proyecto áulico? Cuáles son las expectativas de logro? Tiendes al abordaje del área en forma globalizada? Has seleccionado y jerarquizado los contenidos? Cuáles son las estrategias? Responden a las necesidades del grupo para asegurar la significatividad?. I Son significativos para el proceso de enseñanza - aprendizaje? Has proporcionado espacios de encuentro a fin de coordinar acciones transversales? Cuáles son los contenidos Conceptuales? Cuáles son los procedimentales? Cuáles los actitudinales... " Caifás, el mayor de los fariseos le dijo: "Después de la instancia compensatorio de marzo, me reservo el derecho a promover directamente a tus discípulos para que al rey Herodes no le fallen las encuestas. " A Jesús, se le llenaron los ojos de lágrimas y, elevándolos al Cielo, pidió al Padre la jubilación anticipada. 3- En Tu Nombre... el cansancio se transforma en alegría Es un chiste... No se enojen los pedagogos. Pero saben... A veces me parece que nos olvidamos eso tan lindo que nos enseña el Salmo: Si el Señor no edifica la casa en vano trabajan los albañiles... Por eso, sigamos trabajando y buscando juntos cómo definir y realizar mejor la educación en la fe. Pero con una actitud de peregrino, de diálogo, de pobreza... sabiendo que sólo en la luz de lo alto y el aliento del hermano podremos darle vida a este engendro de la educación de la fe en la escuela. En tu Nombre... sólo contemplando tu Rostro... podremos llamar por el nombre a tantos rostros que nos confías y susurrarle al oído y gritarlo con la vida, que no todo está perdido... En tu nombre... sólo contemplando tu Rostro... podré descubrir rostros de hermanos y hermanas que hacen posible el milagro de los vínculos que sanan y cobijan... Por eso que no se aparte nunca tu Nombre de mi Rostro, para que mi cansancio de peregrino no pierda nunca la serena alegría de aquel que sabe que el Señor no abandona la obra de sus manos y por eso una vez más en tu Nombre Señor echaremos las redes... Tp 4 DOCUMENTO 06. 7